Lo paradójico de la vida se hace carne
cuando mis sentidos, debiendo ser estériles
fecundan a propósito de su presencia...
Son mis ojos los que no logran evitar
seguir en cada movimiento
aquella sutileza de su danza
y su cabellera a merced del viento,
y deseo la fortuna de este
que logra tal acercamiento.
Mis oídos olvidan cualquier acústica
ante la melodía de su voz,
la que encadenada a la libertad
clama por la misma,
sin embargo, se produce la rebelión
al sumárseme el gusto,
queriendo descubrir de sus labios el sabor,
el olfato ansioso y curioso
de sentir los aromas de un ángel
encarnado en mujer
y el tacto se me eriza
deseando que su piel hecha a medida,
se funda con la mía
al descender de su vuelo entre alas de seda.
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