martes, 14 de julio de 2009

Treinta y tantos grados


Recorriendo las calles del gran santiago,
desorbitado…
Trato de ver entre la gente
algún indicio de tu presencia,
talvez tu rostro sobresaliendo
entre esos lánguidos, taciturnos
y acabados por el tiempo.
En un día de insoportable calor,
con tus labios frescos ofreciendo
a los míos sedientos
del agua que he de beber
sin descanso, gota a gota,
la cual brota cristalina
desde el centro de tu pasión,
precipitándome al vicio carnal,
desvistome de las ropas viejas
dejando en cada prenda
episodios de un pasado frío,
y sintiendo como el sol ardiente
evapora el sudor de mi impaciencia.


Por: Mauricio Rodriguez

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