Tras la extensa agonía de perdernos en ajenos
Y el desvarío de las razones,
de manera furtiva y en la trastienda
de la vida de terceros,
la fría nieve sucumbe ante el calor,
despojándose de la aridez
del mal tiempo pasado, en una avalancha,
alud de emociones, sensaciones y locura,
en el instante justo en que nuestros labios
colisionan furiosamente, y el tiempo se detiene…
… Y todo el mundo se vuelve inerte,
salvo nosotros que mágicamente descubrimos
que una a una nuestras prendas
emprenden su vertiginosa fuga.
Ya en contacto nuestras pieles,
los pudores se hacen mito
y descubro manantiales desbordando
en tu valle de mi adicción.
Con la osadía de la conquista
me aventuro a recorrer cada espacio
de los campos de tu reino,
el que quiero ahora, sea mío.
Prendido de tu cuerpo
como dependiente de tu piel,
siento como me estrechas contra ti,
tomada con firmeza de mi espalda.
Y tus ojos entreabiertos
me obsequian un alba invencible,
y tu brisa me susurra alternadamente
entre mi pecho, cuello y oídos,
cantos que me despojan de la cordura
sin opción de retorno a la conciencia.
Y caemos rendidos,
nuestros cuerpos enredados
… Y eres parte de mi.
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