Insomne y colgado al teléfono,
entretanto el universo
se estremece ante mis ojos
y bajo mis pies la vibración
de la triste piel de Gaia
clava en mi la angustia
de tu presencia ausente.
Y me pregunto ¿donde estas?
Y el teléfono insolente
no me dice usted.
y esta irónica emoción
de perder lo que no es mio
no me ha de abandonar.
Ruego a este insolente
me bendiga con tu voz,
y al alba pido le
la suntuosidad de tu ser
se manifieste ante mi,
y la untuosidad de tu rostro
con la luz de tu mirar
aunada a tu sonrisa
fulminen mi incertidumbre
con el dulce tono de tu trino
musitando un tierno
"aquí estoy".
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